sábado, 24 de septiembre de 2016

Algunos perversos convencionalismos sobre las pensiones

 Como el organismo humano que, tras un malestar inicial, acaba por adaptarse a los cambios climáticos y a unas condiciones de vida diferentes, también los pueblos se acostumbran de modo sorprendentemente rápido a las nuevas formas de dominación. Transcurrido un tiempo, la vieja generación, que con amargura compara un presente brutal con un pasado más feliz, empieza a morirse. Tras ella, educada ya en la nueva tradición, ha ido creciendo una juventud que con inconsciente naturalidad acepta los nuevos ideales como los únicos posibles.  (Stefan Zweig)

Anoto esta reflexión del escritor vienés en su libro Castelio contra Calvino dada su vigencia en el contexto actual. Hoy se está induciendo a las generaciones jóvenes a asumir, como si fuera una ley inexorable de la naturaleza, que vivirán peor que la generación de sus padres. Y, en concreto, que no tendrán pensiones en el futuro. En efecto, agoreros de distinto signo, pelaje y condición (aunque con el común denominador de nutrirse todos en el mismo pesebre) anuncian, un día sí y otro también, el gran colapso del sistema público de pensiones en 2050.

Según estos apocalípticos profetas de la quiebra de la Seguridad Social, en 2050 la población española estará tan envejecida que la relación entre beneficiarios y cotizantes hará insostenible el sistema de pensiones. Resulta de veras prodigioso que la grey de arúspices del futuro socioeconómico sólo vean encenderse luces de alarma en el tablero de mandos macroeconómico cuando se trata de las pensiones públicas. 


Porque si, tal como sugieren estos lúgubres predictores basándose en las proyecciones demográficas, el problema va a ser de escasez de población activa en 2050, al faltar trabajadores no sólo entrarán en crisis las pensiones públicas, sino también las privadas. Pues, por la misma regla usada para afirmar que escasearán los cotizantes a la Seguridad Social, se deduce que también serán escasos los inversores en fondos privados.

Ante una crisis demográfica, las pensiones no serían más que una parte del problema. Porque, si faltan trabajadores, tampoco será posible atender las redes viarias, los aeropuertos, los hospitales o los centros de enseñanza. Apenas habrá maestras, médicos o enfermeros. Disminuirá asimismo el número de jóvenes vigorosos aptos para nutrir los cuerpos militares, policiales y de emergencia, que mantienen el Orden Público, la Defensa Nacional y la Protección Civil frente a incendios y otras catástrofes. Cuerpos que se quedarán en cuadro ante la falta de bomberos, policías y soldados de tierra, mar y aire.

Esa escasez de fuerza laboral no sólo afectará al sector público. Pues ¿de dónde va a salir la mano de obra que asegure el pleno funcionamiento de las fábricas, oficinas y comercios? Sin embargo, esta debacle general de la producción no parece inquietar a estas Casandras de vía estrecha. Lo que hace sospechar que, cuando únicamente se muestran preocupados por el futuro de las pensiones, exigiendo privatizar las pensiones, mienten con el mayor de los descaros. 


Porque los datos estadísticos más recientes desmontan la leyenda que se está creando sobre la inviabilidad del sistema público de pensiones. Las cifras demuestran, por ejemplo, que en España hay menos personas mayores que en las principales economías de la UE y se  gasta menos en pagar pensiones. Nuestro país, ocupa el séptimo lugar con mayor población de más de 65 años, pero llega al decimoquinto en gasto de pensiones.


Lo malo de todo este asunto es que la opinión pública ha aceptado ciertas extrañas convenciones. La primera de ellas, la de que todos los gastos del Estado —como las carreteras, por las que circulan tanto los trabajadores como los empresarios, banqueros y otras gentes de buen vivir— se costean con cargo a los impuestos generales. Un dinero que, casi en su totalidad, procede de las rentas del trabajo y del consumo de los trabajadores y sus familias, que componen la mayoría de la población. Otra convención ha establecido que las pensiones públicas han de ser sufragadas únicamente por el bolsillo de los trabajadores a través de sus cotizaciones.

De tales extraños convencionalismos se deriva una realidad perversa: los asalariados sufragan el coste de las Fuerzas del Orden que protegen la Seguridad de la Propiedad Privada —cuya porción más sustanciosa se acumula en pocas manos— mientras que los más adinerados no contribuyen a proteger la Seguridad Social de quienes dedican lo mejor de su vida a construir la fortuna de los ricos.

Necesitamos sanear estas convenciones sociales con visiones más saludables. Por ejemplo, la del economista Ravi Batra, que entiende que un fuerte sistema defensivo estatal debe servir para proteger la vida, la libertad y las propiedades de las personas frente a enemigos exteriores. O expresado de otra manera: el mantenimiento de unas fuerzas armadas beneficia al individuo en esos tres aspectos principales.

Por tanto, razona Batra, “Es un principio tributario tradicional que los impuestos que uno paga deben guardar proporción con los beneficios que recibe. Dado que todos valoramos en igual medida nuestra vida y nuestra libertad, pero no somos iguales desde el punto de vista de las riquezas que poseemos, lógicamente los ricos deberían soportar al menos la tercera parte del gasto militar. O dicho con otras palabras: si el gasto de defensa proporciona tres beneficios principales, a saber, la protección de la vida, de la libertad y de la propiedad, la tercera parte de dicho gasto debe ser soportada por los dueños de las propiedades”.
 

Una lógica similar, según Batra, puede aplicarse a lo que gasta el Gobierno en la lucha contra la delincuencia, ya que en este caso los beneficios son muy parecidos. O sea que la tercera parte del gasto estatal en defensa y justicia debería cubrirse mediante el mencionado impuesto federal sobre la propiedad. Si bien ciertos tipos de propiedades deberían quedar exentos: las necesidades de la vida cotidiana, esto es, la vivienda habitual, el coche, el vestido, los muebles, etc. En cambio, las acciones, los títulos, las cuentas de ahorro, las fincas comerciales y demás por el estilo deberían ser objeto de un gravámen progresivo. Y la escala debería calcularse de tal modo que lo recaudado por tal concepto equivaliese al tercio del gasto en defensa y lucha contra el crimen.

Que conste que es una idea ya apuntada en 1737 por Benjamin Franklin, figura destacada en la historia de los Estados Unidos. Refiriéndose a la necesidad de mejorar el servicio de vigilancia de la ciudad de Filadelfia, Franklin considera que debe haber mayor equidad a la hora de contribuir al pago de los mismos. En este sentido, redactó un documento en el que, además de reclamar una mejor formación de los agentes, insiste “particularmente en la desigualdad de aquella tasa de seis chelines que se pagaba a los alguaciles con respecto a las condiciones económicas de aquellos que tenían que pagarla, pues un ama de casa viuda cuya propiedad, que debía ser vigilada por el respectivo alguacil, probablemente no llegaba al valor de cincuenta libras, pagaba lo mismo que el más rico de los comerciantes que tenía en sus almacenes bienes por valor de miles de libras. En general, propuse que para hacer una vigilancia más efectiva debía contratarse a hombres cualificados que se ocupasen exclusivamente de eso; y como una manera más equitativa de soportar la carga, establecer una tasa que estuviese en proporción a la propiedad”.
 

El sistema público de pensiones no está amenazado por la demografía, sino precisamente por el hecho de que sus fuentes de ingreso provengan únicamente de las cotizaciones de las personas laboralmente empleadas cuyo número disminuye día a día. Cada vez hay menos empleo, y gran parte del mismo se desarrola en condiciones de precariedad. A peores salarios, peores cotizaciones a la Seguridad Social.

Por circunstancias tecnológicas y socioeconómicas, el volumen global de empleo disponible en el sistema productivo de un país desarrollado es decreciente. Es un hecho innegable que, a medida que avanza el progreso tecnológico se produce una avería en el artefacto social del empleo.

En el Foro de Davos 2016, las élites económicas del mundo allí reunidas manejaron un estudio que alerta sobre la destrucción de empleo a corto plazo en las 17 principales economías. Es un primer efecto inmediato de la Cuarta Revolución Industrial derivada de la. digitalización de los sistemas de producción. El documento de Davos analiza las transformaciones que la economía mundial y el mercado de trabajo padecerán en el próximo lustro. Entre sus advertencias se afirma que, a causa de la automatización, se perderán unos siete millones de empleos "de oficina". El estudio predice el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D. 


Es preciso, por tanto, lograr que las empresas coticen también por los puestos de trabajo automatizados y robotizados. Junto a las fábricas que emplean robots en la producción en lugar de empleados humanos, deben cotizar también los autoservicios: hipermercados, gasolineras y cajeros automáticos.

Todo ello requiere una gran movilización social que exija reformas socioeconómicas en este sentido. Mientras tanto, hay algo que los pensionistas con buena salud, sin obligaciones laborales ni temor a ser despedidos por afiliarse a un sindicato, deberían movilizarse para defender sus pensiones reivindicando la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Lo que beneficiaría tanto a los jóvenes como a la caja de la Seguridad Social.

¿Os acordáis del lema: "no soy ecologista, soy egoísta". Pues apliquémonos el cuento.




sábado, 30 de julio de 2016

Las pensiones serán públicas o no serán

La desastrosa gestión del sistema público de pensiones del Gobierno de Mariano Rajoy ha creado una alarma social sobre el futuro de las mismas. Preocupación aprovechada por los publicistas que hablan o escriben a sueldo de las entidades financieras para vender la idea de las 'pensiones privadas'. A estas alturas, ¿hay alguien que todavía se fíe de la solvencia de los bancos?
 Las pensiones serán públicas o no serán.



Ahorrar es una actitud tenida por virtuosa por los diversos códigos morales que informan el comportamiento humano. El hecho de que una persona procure ahorrar algo de dinero con vistas a procurarse mejores condiciones de vida en su vejez no es una novedad. Ahorrar con esta finalidad lo hacían ya nuestros abuelos. Los más humildes guardaban las escasas monedas de plata que podían reunir en un calcetín, debajo de un ladrillo o en cualquier otro escondrijo seguro. Quienes tenían mayores posibilidades de reunir un pequeño capital depositaban sus ahorros en un banco.

Lo que a nadie en su sano juicio se le ocurría era denominar a eso un “plan de pensiones”, expresión que supone un abuso de lenguaje y concepto. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua dice al respecto:

pensión. (Del lat. pensĭo, -ōnis): Cantidad periódica, temporal o vitalicia, que la seguridad social paga por razón de jubilación, viudedad, orfandad o incapacidad.

En efecto, es el Estado, a través de la Seguridad Social, el pagador de pensiones por razón de las diversas modalidades de protección social derivada de criterios de solidaridad, justicia social o evitación de conflictos. Y en cualquier caso, en cumplimiento del mandato de la Constitución Española que, en su artículo 50, dice:

Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio.


Quien viene obligado por la lógica de las cosas a cumplir este mandato constitucional el el Estado, representado por el gobierno de turno. Y no por los bancos, cuya 'misión', como dice el lenguaje corporativo de moda, no es precisamente el de cumplir una finalidad social. En el mejor de los casos, es decir, suponiendo que no quiebren, los bancos se limitan a pagar intereses (en este momento prácticamente nulos) sobre los capitales depositados en sus cajas. Un ahorro privado nunca será una pensión, lo que no obsta para que, quienes todavía sean tan valientes —o tan ingenuos— como para confiar a estas alturas en los bancos, ahorren con vistas a la vejez.

¿Cuánto hay que tener ahorrado para afrontar la jubilación? Un estudio realizado por Deustsche Bank estima que es preciso contar con unos 100.000 euros. Un patrimonio de esta cuantía tan sólo nos permitiría complementar la pensión (calculando una rentabilidad anual del 4% y una esperanza de vida de 87 años en el caso de los hombres y 90 años en las mujeres) en las siguientes cantidades:

• Hombres: 457 euros mensuales
• Mujeres:   387 euros al mes

Cantidades que habría que ajustar a la inflación.

Estas rentas, que tampoco son como para tirar cohetes, suponen disponer de una capacidad de ahorro de 6.000 euros al año. Ahora bien, ¿cómo podrían ahorrar esa cantidad aquellos que ni siquiera los ganan? Habría que preguntar por sus métodos de ahorro a las personas desempleadas o empleadas en precario que malviven en España con ingresos anuales inferiores a 6.000 euros anuales.


En definitiva, confiar la supervivencia material durante la tercera edad a los bancos, como pretenden hacernos creer los vendedores de opinión que hablan o escriben a sueldo sería un verdadero suicidio no asistido. Las pensiones sólo pueden ser públicas, o no serán.





viernes, 15 de julio de 2016

Nice, Kaboul: Je suis épuisé, révolté..





Tras los atentados contra la revista satírica de Charlie Hebdo y un supermercado de comida judía en enero de 2015, y la matanza del pasado noviembre en París en la que murieron 130 personas, el terror yihadista ha vuelto a golpear Francia en el día de su fiesta nacional. Al menos 84 personas han fallecido en Niza en una horrenda carnicería mecanizada.

Poco antes de las 23.00 del jueves, un enorme camión blanco ha arrollado a una multitud durante los festejos del 14 de julio. El vehículo se ha lanzado a gran velocidad —"a unos 90 kilómetros por hora", calcula la policía— y dando volantazos para avanzar en zigzag de forma mortífera en el paseo marítimo de Niza contra los centenares de personas que asistían a un espectáculo de fuegos artificiales. "Los cuerpos volaban como si fuesen bolos", ha señalado un testigo. La cifra provisional de víctimas es de 84 muertos y 202 heridos, 52 de ellos en estado crítico. La masacre cesó cuando la policía consiguió abatir a tiros al conductor. El Estado Islámico ha reivindicado el atentado.  

23 de julio: Suma y sigue el horror. La población de Munich se estremece por un tiroteo en sus calles que ha dejado diez muertos. Y en Kabul, un ataque suicida contra una manifestación pacífica en la capital de Afganistán ha causado al menos 80 muertos y 231 heridos. La mayor parte de las víctimas son de la minoría Hazara, de la rama islámica chií, quienes eran los organizadores de la marcha. 

El ataque ha sido reivindicado por el autodenominado Estado Islámico (ISIS). A través de la agencia Amaq, vinculada al grupo yihadista, el ISIS ha indicado que "dos combatientes detonaron cinturones con explosivos entre una concentración de chiíes en la zona de Dehmazang en Kabul".


En Afganistán, el conflicto se ha cobrado en lo que va de año más de 5.000 víctimas civiles, entre muertos y heridos, ante el avance de los talibanes.

                               













miércoles, 29 de junio de 2016

Ben Istanbulum.. Mogadiscio, Sahel, Bagdad...




Turquía ha vuelto a sufrir el zarpazo del terrorismo. Un nuevo ataque terrorista, el séptimo en los últimos 12 meses. Dos fuertes explosiones sacudieron ayer, martes 28, una terminal del aeropuerto internacional de Ataturk de Estambul causando más de 40 muertos y más de 230 heridos. Todos los indicios indican que detrás de los ataques se encuentra el Estado Islámico.

Dado que es un destino turístico de primer orden, el atentado de Estambul ocupa más espacios en los informativos que otro reciente, ocurrido en Somalia cuatro días antes. Al menos 35 personas fallecieron en un atentado terrorista cometido el sábado 25 de junio en un hotel de Mogadiscio, la capital de Somalia. Un terrorista suicida del grupo islamista AlShabaab se inmoló en el hotel Nasahablood. Tras la explosión, otros miembros de la organización terrorista entraron en el edificio y abrieron fuego.

Atentado en Mogadiscio
A todo esto, no cesan los atentados del grupo islamista nigeriano Boko Haram, que opera en la región saheliana de Nigeria, Camerún, Chad y Níger. El 30 de junio, un suicida de este grupo hizo estallar una bomba por la noche en Djakana, una localidad de la región norte de Camerún, en la frontera con Nigeria, causando 11 muertos y 4 heridos. Desde 2009, el conflicto terrorista ha causado 20.000 muertos y 2,3 millones de refugiados.
Soldados nigerianos patrullando en la zona del conflicto. Con publicidad grauita para la marca fabricante de los vehiculos.
Y el terror llega a Bagdad de nuevo sembrando la muerte. Más de un centenar de personas han muerto y otras 135 han resultado heridas en un atentado con coche bomba perpetrado durante la madrugada del domingo 3 de julio en una zona comercial del centro de Bagdad. Según fuentes policiales, un conductor suicida detonó el vehículo en medio de una multitud congregada cerca de la tienda de helados Yabar Abu al Sharbat, ubicada en el distrito de Karrada. El ISIS ha asumido la autoría del ataque.



Je m'appelle Bagdad

Tina Arena

J'ai vécu heureuse
Dans mes palais
D'or noir et de pierres précieuses
Le Tigre glissait
Sur les pavés de cristal
Mille califes se bousculaient
Sur mes carnets de bal

On m'appelait la Cité pleine de grâce
Dieu, comme le temps passe
On m'appelait capitale de lumière
Dieu, que tout se perd

Je m'appelle Bagdad
Et je suis tombée
Sous le feu des blindés
Sous le feu des blindés
Je m'appelle Bagdad
Princesse défigurée
Et Shéhérazade
M'a oubliée

Je vis sur mes terres
Comme une pauvre mendiante
Sous les bulldozers
Les esprits me hantent
Je pleure ma beauté en ruine
Sous les pierres encore fumantes
C'est mon âme qu'on assassine

On m'appelait capitale de lumière
Dieu, que tout se perd

Je m'appelle Bagdad
Et je suis tombée
Sous le feu des blindés
Sous le feu des blindés
Je m'appelle Bagdad
Princesse défigurée
Et Shéhérazade
M'a oubliée

Mes contes des mille et une nuits
N'intéressent plus personne
Ils ont tout détruit (ils ont tout détruit)
Ils ont tout détruit

Je m'appelle Bagdad
Et je suis tombée
Sous le feu des blindés
Sous le feu des blindés
Je m'appelle Bagdad
Princesse défigurée
Et Shéhérazade
M'a oubliée
M'a oubliée

sábado, 25 de junio de 2016

Referéndum en Suiza sobre RBU

El referéndum recientemente celebrado en Suiza, en el que se sometió a consulta popular la propuesta de instaurar una Renta Básica Universal ha puesto de actualidad una idea que los partidos políticos españoles, incluido el que en algún momento llegó a coquetear con ella, no se atreven a plantear.  

En la consulta helvética, la propuesta de que el Estado garantice de por vida a cada persona un ingreso neto de 2.500 francos suizos para los adultos y de 625 francos suizos por niño fue rechazada por una amplia mayoría. Lo cual no es de extrañar: en Suiza, país de expertos chocolateros, con una tasa de de paro del 4% y un salario medio en torno a 4.000 €, un ingreso garantizado para todo el mundo habría sido una delikatessen añadida al elevado nivel de vida de sus habitantes. No una imperiosa necesidad como en el caso de España.

Puede que otro gallo hubiera cantado si una consulta de ese tipo se hubiera celebrado en nuestro país, con las estremecedoras cifras de pobreza, precariedad y desempleo que constituyen la prueba del éxito del modelo neoliberal al que nuestros gobernantes se han entregado de hoz y coz. La pobreza relativa y la exclusión social afecta a tres de cada diez habitantes, según el INE; la tasa de paro está por encima del 20 % de la población activa mientras que la tasa de cobertura por desempleo se sitúa en el 53 %. Hay 2,1 millones de hogares sin ningún tipo de ingresos –salvo los que consigan a través de la economía sumergida– o con ingresos insuficientes, y grandes sectores de la población, en especial los jóvenes, no tienen acceso más que a contratos de empleo precarios, tanto en lo salarial como en lo tocante a las condiciones de explotación descarada permitida por las sucesivas reformas de las leyes laborales.

La RBU, al menos en su matriz conceptual y filosófica, no es una idea de izquierda, como algunos medios, generalmente mal informados, han afirmado. Es más, cuando hace un par de décadas la idea comenzó a introducirse en España, fue rechazada con gran dureza dialéctica por destacados voceros de la izquierda ortodoxa. Ahorraremos citas textuales para no avergonzar a sus autores.


De lo que la izquierda comienza a darse cuenta con bastante retraso es del hundimiento de ese mito del trabajo con el que hasta anteayer mismo venía construyendo el núcleo de su discurso: el trabajo contemplado como vía de dignificación del ser humano, y el empleo como solución política a la pobreza [...].

El resto del razonamiento lo he escrito en La renta básica universal y la avería del artefacto del empleo publicado en el blog La Lamentable







martes, 14 de junio de 2016

Orlando (Nueva York) Víctimas de la intolerancia


Vigilia en Nueva York por las vítimas de Orlando. MONIKA GRAFF AFP

París (Charlie Hebdo); Kenia (Universidad de Garissa); Bruselas; Bagdad, Latakia, Tartour ; Níger, Nigeria constantes matanzas de Boko Haram...

Ahora en Orlando (Nueva York), el 13 de junio la acción armada de un franco tirador contra una discoteca gay dejó 49 víctimas mortales, la mayoría jóvenes e hispanos.

Víctimas de la intolerancia, la madre de tantas injusticias.


viernes, 27 de mayo de 2016

Comprad mis libros, por favor, ma non troppo

Toda persona tiene derecho a perseguir sus sueños, pero, si el soñador vive en España y ha llegado a la edad provecta, deberá tentarse la ropa antes de publicarlos. Pues, cuando el espíritu de la idiotez gobierna la maquinaria del Estado, puede conducirle a la más absoluta miseria al privarle de la pensión de jubilación si el rendimiento de su actividad como escritor supera un modesto límite. 


Desde que tengo uso de razón, siempre he considerado un deber ético contribuir, desde mis modestas posibilidades, a dejar el entorno que me rodea un poco más limpio y ordenado que como lo encontré. Guiado por ese propósito, siempre he mantenido un activismo social, desde el sindicalismo de base a la participación de distintos movimientos cívicos. Intentar reducir la injusticia, la desigualdad, la falta de libertades, la miseria social y el miserabilismo de la acción política es una aspiración legítima de toda persona con capacidad de imaginar un mundo mejor. I have a dream.

En este sentido, también me he tomado el trabajo de defender por escrito ciertas ideas de progreso. Desde la desobediencia civil al ingreso garantizado. Actividad que, por definición, le convierte a uno en escritor. Oficio sobre cuyas penalidades decía Virginia Woolf: "[...] acentuando todas esas dificultades y haciéndolas más insoportables, está la indiferencia notoria del mundo. El mundo no pide a las personas que escriban poemas y novelas; no los precisa [...]". Tampoco ensayos, añado yo.

Siendo poco proclive al victimismo, nada tengo que reprochar a esta indiferencia del mundo, si bien en alguno de los barrios del planeta las dificultades se agudizan: Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí? ¿Son las academias, son los círculos literarios, son los corrillos noticieros de la Puerta del Sol, son las mesas de los cafés, son las divisiones expedicionarias, son las pandillas de Gómez, son los que despojan, o son los despojados? Retrato triste del oficio en Horas de invierno, artículo de Mariano José de Larra, una de la plumas más brillantes que ha dado el país.

Escribir en Madrid, cuando guardas tu independencia y no te has dejado marcar por el hierro de alguna ganadería concreta, complica aún más las cosas. Por lo que, en el mejor de los casos, se acaba siendo un escritor a tiempo parcial, pues son muy pocos los que pueden vivir en exclusiva de este oficio.

Pues bien, si habiendo aceptado todos esos inconvenientes te haces viejo en el empeño y, llegado ante las puertas de la senectud, pretendes seguir las pautas del "envejecimiento activo", ahora será la Administración la que, hablando mal y pronto, se encargará de joderte vivo. Ya que actuará como implacable ejecutora de una serie de leyes dictadas por la más absoluta imbecilidad.

Según la normativa actual, cualquier profesional del mundo de la cultura que cumpla más de 65 años y quiera continuar con su actividad tiene dos opciones: o renuncia a su pensión, o descarta cobrar por sus cursos, artículos, conferencias y derechos de autor si el importe es superior al salario mínimo interprofesional, uno de los más bajos de Europa: alrededor de 9.000 euros al año. Un caso concreto es el de Javier Reverte, condenado a pagar una multa de más de 121.600 euros. José Manuel Caballero Bonald o el premio Cervantes Antonio Gamoneda son algunos de los autores que fueron penalizados por cobrar sus derechos de autor y otras actividades cuando ya eran pensionistas.

Es decir, que la ley contempla que una persona pueda compatibilizar su pensión con la obtención de pingües ingresos procedentes de la especulación en bolsa, del alquiler de inmuebles o de la cosecha de aceitunas. (En este caso concreto, si te la cosechan otros, porque lo que la norma te prohibe es trabajar, no la titularidad del cortijo y su rendimiento). Lo que la ley de los imbéciles penaliza, si eres pensionista, es la creación escrita y la percepción de los consiguientes derechos de autoría. 

Todo esto viene a confirmar que "los imbéciles causan más daños que los malvados", según el corolario que se desprende de 'Las leyes fundamentales de la estupidez humana', enumeradas por Carlo M. Cipolla en su libro Allegro ma non troppo (Crítica, Barcelona, 1992). El presidente del Congreso de los Diputados, Patxi López, reconoció que no sólo es "cruel" sino también "idiota" hacer elegir a los autores entre cobrar la pensión o seguir creando, tal y como les obliga la reformada ley de Pensiones.

En esta tesitura, espero que comprendan el dilema que se le plantea a este humilde escribidor: por un lado, es legítimo que aspire a que el público compre mis libros; por otro, he de evitar que no se disparen las ventas para evitar sobrepasar el cicatero límite más allá del cual sería sancionado por la Administración con multa y pérdida de mi magra pensión de jubilado.

Por cierto, en el más reciente de mis libros, dedicado a la defensa y explicación del concepto de Renta Básica Universal, se analiza y desbarata ese tópico que, sin fundamento alguno, sostiene que "con una renta garantizada la gente no trabajaría". Pues bien, e
l hecho de que algunos individuos, pese a disfrutar del derecho a recibir una renta mensual vitalicia de jubilación, nos empeñemos en seguir escribiendo libros constituye una excelente refutación de ese prejuicio. 

Termino. Henry David Thoreau, filósofo de lo cotidiano y pionero de la desobediencia civil, se asignó a sí mismo el poético cargo de "inspector de caminos". Siguiendo su estela, además de recorrer los senderos de la Tierra siempre que puedo, para quitar hierro y solemnidad a mi ridículum vitae, hace tiempo que me permití asignarme el oficio de inventor de libros. ¿Acaso un libro no es un pequeño invento de la razón? Al menos, eso se dice del método oral puro para enseñar a hablar, leer y escribir a los sordomudos, "inventado por fray Pedro Ponce de León", según reza la placa de la estatua erigida en su memoria en el madrileño parque de El Retiro. 

Y precisamente en la Feria del Libro, que anualmente convoca a los lectores en este parque madrileño, me encontraréis mañana, sábado 28, dispuesto a cumplir, si la ocasión se tercia, con la clásica liturgia que se indica más abajo. Eso sí, os ruego contención en el gasto.

Comprad mis libros, por favor, ma non troppo.